miércoles, 7 de enero de 2015

En obras


Hoy fue un día muy especial porque fue un día de furia y a decir verdad... Hace mucho que no tengo días muy especiales. También hace mucho que dejé de quejarme en las redes sociales, porque leer quejas me desagrada y aburre y porque, aparte de no querer repetir algo que me desagrada y aburre, aprendí a no quejarme tanto, a encontrarle el lado positivo a lo que parece negativo. Por eso menciono que fue un día especial: sólo para decir que gracias a la furia tuve toda una tarde de soliloquio mental conmigo misma y descubrí varias cosas.

Digamos que hoy fue evidente el haber subido un escaloncito más en este aprendizaje que es la vida.




Algunos sabrán que, desde hace unas semanas, estoy decidida a pintar mi casa. Primero me dije que empezaría por algo pequeño, como las ventanas y los marcos, así que agarré el removedor de pintura, unas espátulas y chau pintura vieja. Hola blanco. Pinté las ventanas y se me ocurrió que podía seguir pintando las paredes del living.

Aprendí a rasquetear, a lijar, a enduir, a fijar, a limpiar todo, dominar el polvo, las lijas, los tarugos machacados, los agujeros, el nefasto empapelado y a calcular cuánto tiempo lleva cada cosa (que es muuuy diferente al tiempo que suelo estimar).




Aprendí a tolerar el polvo, los manchones de enduido, el desorden general y el no encontrar nada porque todo ha pasado a estar en el último rincón esperable del cuarto.

Aprendí a aceptar. A aceptar que no siempre estamos cómodas en este camino y que muchas veces se nos secan los pies por el polvo y nos lastimamos con algunas espinas o nos duele todo el cuerpo y que por ahí tenemos ganas de estar en el quinto pino tomando mate y tejiendo en vez de estar lidiando con el caos que nosotras mismas generamos. Porque sí... Porque se nos ocurrió que queríamos un living blanco de pé a pá.

Aprendí a trabajar en equipo, cuando venían mi hermano o mi amiga, o ambos, a darme una gloriosa mano que aceleraba el proceso.

Aprendí a trabajar sola, cuando no pudo venir nadie y una parte mía pensaba "los espero" mientras la otra pensaba: "tengo que poder sola". Y pude. Pude tantas veces que me asombré. Fue un poco más lento todo, pero valió tanto la pena...

Aprendí a decir "basta" cuando era hora de parar y descansar, dispersarse un rato o cuando algo complicado podía llegar a volverse un martirio, como pasó con el empapelado: a veces, en el ansia de impecabilidad me digo que puedo todo, como por ejemplo sacar todo el papel que está pegado a la pared desde los años '60, debajo de la pintura... Y pasada una tarde tuve que reconocer que no, que podía hacerlo, sí, pero que era inútil perder tanto tiempo en eso cuando se podía solucionar de otra manera (ya que estamos, luego de toooda una tarde luchando con el papel, aprendí que se saca mojando la pared. ñeeeeee). Ya lo sacará alguien que tenga menos cosas que tejer ^_^

¡Viva el enduido!




Así que aprendí muchas cosas en estas semanas.

Pero recién hoy siento haber aprehendido algo realmente valioso: me aprehendí yo misma como a un ladrón con una bolsa llena de flaquezas y de sentimientos negativos que mejor que se los roben.

Me aprehendí esperando la valoración del otro en vez de valorarme yo misma (si alguien te dice que no te paga porque en el orden de prioridades todavía no existís, lo peor que podés hacer es sentirte desvalorada, deprimida y con el pequeño ego artista roto en cuatromil pedacitos. Se los digo por experiencia).

También me aprehendí enojada conmigo misma pero culpando a otros, compadeciéndome y dejando el fijador sobrante en el balde con la esperanza de que los dos litros se evaporaran solitos (impulso primario ante el no saber dónde corno se tira el fijador sobrante: ¿y si lo tiro por el resumidero y luego se fijan las cosas en los caños? ¿y si lo tiro en el inodoro y pasa lo mismo? ¿será fertilizante, lo podré tirar en el parque?).

Llegué a la noche con todo fijado, hasta el malhumor, y ahí llegó mi amiga Geo, la tierra que a mí me recontra falta, según la astrología, la amiga práctica que sabe cómo orientarme en este mundo cuando estoy así, sobre-aireada, y metafilosófica hasta el punto de comerme yo misma.

Digamos que apareció Geo para acomodarme los tornillos flojos.



Y me pasó un video de un señor que estuvo 13 años (4646 días) preso durante la dictadura uruguaya y que, para no perder la noción de la vida, se escribió un calendario-diario con todas las pequeñas cosas que iban pasando en el día. En la prisión. Lloré, obvio que sí. Pero de emoción, porque con ese pequeñísimo testimonio me recordó qué estaba haciendo yo antes de enojarme porque me habían pisoteado el pequeño ego artista:

Yo estaba "apropiándome del espacio y de las propias posibilidades", estaba "llenando de sentido cada día con acontecimientos", estaba "viviendo, no sobreviviendo". Y eso es lo que siempre quise, desde que aprendí a querer cosas buenas para mí misma. Entonces, no hay ego dolido ni enojo ni mal humor cuando recuerdo que estoy más viva y conectada conmigo misma que nunca antes.

¿No me pagan? No importa, total, yo tejo y escribo y pinto mis paredes y construyo mi castillo aunque no me paguen. En este preciso momento lo estoy haciendo, estoy escribiendo luego de haber pasado fijador -yo solita- a todo el living, del piso al techo, y cuando termine de escribir voy a agarrar los hilos, la aguja y voy a tejerle el regalo de cumpleaños a Geo. Mis prioridades son éstas; poder, hacer, aprender, querer, crecer, compartir y dar gracias por los malos ratos: es cuando más aprendo.

Les dejo el video, para que lo miren si tienen ganas y después me cuentan :)



Y lo último: Mirando el video pensé en mi Frasco de la Felicidad, en el que todas las noches meto un papelito con las cosas más felices del día. La idea (nos la dio Elizabeth Gilbert a fin de año) es escribir una cosa, la más feliz, pero cuando empiezo con una, aparece otra, y luego otra y otra... El día está lleno de pequeños grandes momentos. Incluso cuando estamos de mal humor.

Hoy, en este día muy especial, uno de los grandes momentos fue esta charla con mi amiga y las lagrimitas que me sacó el testimonio del video, cuando acepté que el que duele y se enoja es mi ego, no mi ser.

Gracias :)




  ♥

5 comentarios:

  1. Sos una linda geniecilla. Inspiradora. Luchadora.

    Te quiero

    <3

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    1. Yo también te quiero, Nadita duendecilla ♥ !!

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  2. A ver, pequeña mía, creo que te lo dije a lo largo de tu vida o por lo menos en los últimos años, de que vos sos definitivamente un ser de luz, una persona que todo (o casi todo) te sale bien, desde buscar un trabajo hasta el último bichito que estás tejiendo para compartir con tu broder sus emprendimientos. Que te sientas el último orejón del tarro porque quien te debe $$$ tiene otras prioridades, es comprensible (yo ya hubiera ido a hacerle un escándalo) pero tenes otras cosas muy lindas por qué preocuparte, como por ejemplo escribir este excelente relato que estoy segura que al hacerlo, la ira se te fue al 'joraca'. No desesperes mi nena, ya te llamarán para decirte ' tenemos tu cheque'
    Por último nunca te olvides que está tu pequeña familia para tirarte un salvavidas cuando te estés ahogando.
    Como siempre te digo: TE ADORO MI NENA!!

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  3. el balance de una mañana un atarde un dia un mesl a vida siempre ews positivo, si la vida es maravillosa! Solo tenemos qu eparender a valorar su magia A veces nos distraemos con tanto "cotillon" y nos perdemos la verdadera fiesta de estar vivos! Arriba esa pintura! Besote

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  4. Almita esta bueno lo q haces. Un rato de sacar fuera lo negativo y explotar, si asi nomas y luego te levantas a seguir para adelante. De eso se trata la vida. Desgraciadamente no podemos hacer q la integridad se instale en las personas. Pero de algo estaras segura: hay un alma generosa q nadie lograra modificar.

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Aló, aló?